Es una de las primeras decisiones de quien llega a trabajar por su cuenta a España, y casi siempre se toma por intuición: "una sociedad suena más serio". Mala guía. La pregunta correcta no es cuál suena mejor, sino a partir de qué facturación y con qué costes compensa cada figura.
Cómo tributa cada una
- Autónomo: tributas por IRPF, una escala progresiva, y pagas una cuota mensual a la Seguridad Social. Simple y barato de mantener al principio.
- Sociedad (SL): tributa por el Impuesto de Sociedades, con un tipo general del 25% (reducido para sociedades nuevas durante sus primeros ejercicios). Tiene más costes fijos de gestión y contabilidad.
Por qué el umbral lo decide todo
Con ingresos moderados, el autónomo suele ganar: menos coste, menos burocracia, y el IRPF en tramos bajos no castiga. A medida que la facturación sube, el IRPF progresivo se vuelve caro y el tipo fijo del Impuesto de Sociedades empieza a compensar los costes extra de la SL. Existe un punto de cruce, y depende de tu margen, no solo de tus ingresos.
Hay un tercer factor que cambia el tablero: si te acoges a la Ley Beckham, tu tributación del trabajo se simplifica y la comparación se redibuja. Por eso conviene decidir estructura y régimen juntos, no por separado.
Cómo decidir tu caso
- Estima tu facturación y tu margen reales para el primer año.
- Compara el IRPF estimado como autónomo con el coste total de una SL (impuesto + gestión).
- Revisa si la Ley Beckham aplica a tu perfil.
- Empieza simple si dudas: pasar de autónomo a sociedad después es habitual; al revés, costoso.


